Teléfono: 955 29 01 53   Email: info@perrosguiadeandalucia.es   ASOCIACIÓN DE USUARIOS DE PERROS GUÍA DE ANDALUCÍA

FASES DEL ADIESTRAMIENTO

En el adiestramiento del perro guía, aun siendo un proceso continuo de aprendizaje, podemos diferenciar tres etapas.

Etapa en la familia, fase de habituación.

Desde las seis semanas al año de edad. Abarca los periodos críticos en el desarrollo del cachorro. El perro se habitúa a las situaciones, objetos y sonidos comunes del hogar y alcanza un nivel de obediencia básica. Aprende a caminar de la correa, en el lado izquierdo, y sin excesiva tensión. Aprende a ser limpio en la casa, a no ser destructivo, se le introduce en los transportes públicos, etc. Se integra en la «manada». 

Etapa en el centro de adiestramiento, fase de adiestramiento específico.

Desde el año de edad al año y medio o dos años. Se progresa desde la obediencia básica al adiestramiento específico (línea recta, bordillos, obstáculos, etc). Inicialmente se moldea la respuesta deseada y progresivamente se le pasa más y más responsabilidad al perro. Se aplica el condicionamiento instrumental y se expone al perro a situaciones cada vez más difíciles, que ha de resolver. Al final de esta etapa el adiestrador trabaja con un antifaz, en distintos entornos para comprobar la capacidad del perro para asumir la responsabilidad de guía.

Etapa con el usuario, fase de acoplamiento.

A partir del año y medio o dos años de edad. Se selecciona el perro adecuado para las necesidades de la persona ciega. La persona ciega seleccionada atiende un curso de tres semanas de duración en el centro de adiestramiento donde aprende a cuidar y manejar al perro guía. Posteriormente se continua el curso en el lugar de residencia de la persona ciega y se trabajan las rutas y necesidades específicas, con el nuevo perro guía. Esta es sin duda una de las fases más complejas y de ella depende, en gran medida, el éxito del proceso de adiestramiento.

Una vez graduada la unidad la FOPG realiza visitas de apoyo y supervisión:

.- al mes de la graduación o finalización del curso

.- a los seis meses

.- una vez al año durante toda la vida de trabajo del perro guía (seguimientos rutinarios).

 

Además el personal de la FOPG está siempre disponible para prestar sus servicios cuando la persona ciega lo requiere (trabajar/ introducir nuevas rutas, visitas prioritarias, la unidad experimenta problemas o dificultades).

 

LOS EDUCADORES: LAS FAMILIAS VOLUNTARIAS CON CACHORROS

El adiestramiento del perro guía solo es posible gracias a la labor altruista y desinteresada de las familias que se ocupan de habituar/ familiarizar a los cachorros a todas las situaciones de la vida diaria en el hogar. Las familias seleccionadas se hacen cargo del cachorro cuando éste tiene 6 semanas de edad y le enseñan a aceptar las reglas básicas de convivencia. El cachorro vuelve al centro de adiestramiento cuando cumple el año (por termino medio, existen variaciones en función de la raza y necesidades específicas de cada individuo) donde se comienza el adiestramiento.

Ya en 1956 la GDBA comenzó a establecer un programa de cría y a introducir los cachorros en familias desde las 6 semanas, conscientes de la importancia de este periodo para conseguir perros equilibrados y aptos para el adiestramiento como perros guías. (Scott /Fuller en su libro “Genetics and the Social Behaviour of the Dog” y Pfaffenberger en sus estudios para el Centro de adiestramiento de San Rafael reforzaron estos planteamientos).

Con la familia el perro aprende a ser limpio en la casa, a aceptar el ser manejado, cepillado, a caminar en el lado izquierdo sin tirar de la correa, a no subirse a los muebles, o ser destructivo, comienza a realizar sus primeros ejercicios de obediencia, etc.

La mayor parte de las escuelas del mundo han adoptado y establecido un programa de cría propio y educadores lo que explica el relativamente bajo nivel de rechazos que se produce durante el adiestramiento. En los centros que no disponen de programa de cría propio o programa de educadores los porcentajes de perros rechazados se elevan hasta cerca de un 70%.

 

EL ARNÉS

Es característico e identificativo de los perros guías y de cada una de las escuelas.

Consta de dos partes:

El cuerpo: de cuero que rodea el pecho del animal

El asa: de metal. Se ajusta en distintas posiciones según centros de adiestramiento (ver fotos), y según necesidades del usuario (ejemplo. balance) y/o perro (ejemplo. tensión).

La mayor parte de las escuelas adiestran a sus perros para trabajar en el lado izq de la persona ciega. En ocasiones se realizan adaptaciones para el lado dch si la persona ciega ha sufrido la amputación del otro brazo; en algunas escuelas de Japón se adiestra a los perros para trabajar en ambos lados e incluso un mismo perro para marido y mujer.

El perro se mantiene en el lado izq. de la persona ciega y camina paralelo. Cuando caminan la persona se sitúa a la altura de los cuartos traseros del perro (posición de guía), esto da un tiempo de reacción de 2-3 segundos que permite a la persona ciega reaccionar ante cualquier cambio de dirección del perro o ante una parada repentina (bordillo, escalón, paso estrecho). Esto justifica el hecho de que el asa sea de metal y de distintas longitudes para permitir obtener la posición correcta.

El perro debe caminar en esa posición de guía y proporcionar una tensión suficiente para que la persona ciega pueda seguirla, sin llegar a ser fuerte dado que resultaría extremadamente incomoda y podría llegar a producir problemas/ dolores de espalda e incluso deteriorar todos los aspectos de trabajo del perro guía (incremento de los niveles de estrés e incremento de errores, dificultad de control, etc)

La persona ciega debe sujetar el asa con suavidad para poder realizar un seguimiento adecuado de los movimientos del perro, sentir los movimientos a derecha o izquierda y evitar el incrementar la tensión.

El arnés, de algún modo, restringe la posibilidad de movimientos del perro guía y es uno de los factores que determinan la dificultad en su adiestramiento. Durante el adiestramiento el perro aprende a aceptar a la persona que sujeta el arnés como una extensión de su propio cuerpo, y dejar espacio suficiente a la hora de negociar obstáculos.

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