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Solo dos de los 32 perros guía activos en Galicia están en la provincia de Ourense

 

Garfio nació en Madrid hace dos años pero vive y trabaja en Ourense desde hace nueve meses. Su labor es ser el asistente de movilidad de Antonio Fernández, un vecino de Esgos al que un glaucoma diabético dejó con un resto de visión del 4% hace ya tres décadas. Se conocieron en Boadilla del Monte, más concretamente en el complejo de la Fundación Once del Perro Guía y conectaron desde el principio. «Llevaba esperando casi cuatro años», recuerda Antonio, que relata con entusiasmo cada detalle de aquellos días de adaptación en los que se acostumbraron uno al otro y aprendió los códigos de lenguaje y señales para entenderse mientras paseaban por Madrid. «Fue la etapa de mi adiestramiento, porque él ya era un profesional», señala.

 

Garfio no solo es capaz de llevar a su dueño por las calles de forma segura evitándole obstáculos. «Si le pido que busque el metro donde lo hay; un ascensor o escaleras me las marca pero no avanza si no se lo ordeno. Incluso diferencia escaleras mecánicas o normales. Cuando voy a la residencia sabe llevarme a la consulta del endocrino o al oftalmólogo con solo decírselo», relata orgulloso Antonio. Sus habilidades incluyen también la convivencia en el hogar. Despierta a su dueño cada mañana a las 7.30 horas para que le lleve a hacer sus necesidades y no deja que se olvide su desayuno o su comida.

 

«Me ha cambiado la vida; me siento infinitamente más seguro que con el bastón; incluso más que con una persona porque a veces la gente se olvida de que tú no ves, va charlando y acabas metiendo la pierna en un agujero». Sin embargo, Garfio va más allá a la hora de velar por la seguridad de su dueño. Está adiestrado incluso para arriesgar su vida para protegerlo. «Si voy a cruzar y un vehículo se salta el semáforo, se coloca delante de mí para impedirme avanzar, con el riesgo de que lo atropellen a él».

 

Pero no todo han sido cosas positivas en este tiempo. «Me han llamado la atención por llevarlo sin bozal, alguno lo pisó en el autobús, incluso me echaron una vez de un restaurante porque me dijeron que no podía entrar», recuerda. Denunció ese caso concreto, porque en España la ley protege el derecho de acceso del perro guía a cualquier lugar público, o privado de uso público, desde la década de los ochenta, pero Antonio reconoce que «muchas veces no hay mala intención, sino que falta información sobre lo que es un perro guía», «Cuando va por la calle no es una mascota de compañía que va de paseo, sino que está trabajando. Si le tocan sin avisarme primero para que yo me pare y él se siente, o si le llaman la atención o le ofrecen comida, le despistan y eso puede ser un riesgo porque su movimiento me despista a mí», explica.

En Ourense solo hay dos de estos asistentes de movilidad de cuatro patas de los 32 asignados a Galicia. La provincia de A Coruña tiene 13, Pontevedra 12 y en Lugo hay 5. Las cifras están lejos de los más de doscientos que transitan a diario, por ejemplo, por la Comunidad de Madrid. Eso influye, según explican en la fundación, porque no existe el hábito de convivencia que sí hay en lugares en los que los ciudadanos están más acostumbrados a compartir espacio con ellos.

 

 

La solicitud

En la delegación Once de referencia. Se acompaña de informes médicos, psicológicos y de ámbito social del futuro usuario.

 

la evaluación

Estudio de necesidades. Un comité técnico evalúa la idoneidad y condiciones físicas y sociales de cada candidato.

 

la espera

Tres años. Es la media nacional para el que lo solicita por primera vez. Quienes ya tenían uno pero fallece o se jubila, suele recibirlo en un plazo que ronda los seis meses.

la adaptación

Adiestrar al humano. El usuario pasa varias semanas en el centro de la Fundación Once del Perro Guía en Madrid para adaptarse al manejo de su nuevo compañero de vida.

el seguimiento

Control periódico. Los animales siguen siendo propiedad de la fundación y se controla su situación, cuidados y adaptación periódicamente.

 

Los animales se crían y se jubilan gracias a la colaboración de familias de acogida

 

La Fundación Once de Perros Guía debe buena parte de su éxito a la colaboración de ciudadanos en toda España que asumen la educación durante los primeros meses de vida. Con ellos aprenden a sociabilizarse dentro de un hogar y también en espacios públicos, acostumbrándose al tráfico, los ruidos, el transporte e incluso a entornos laborales. Igualmente esenciales son las familias que les acogen a partir de los doce años de edad, cuando pierden reflejos o capacidad para seguir ayudando de forma efectiva a la persona ciega. Si es posible, se prefiere que el perro pase esa última etapa en el mismo hogar donde estuvo gran parte de su vida, pero si las condiciones del usuario no lo permiten, se le busca un hogar de acogida para pasar su jubilación.

Pero el resto de la sociedad también puede ayudar a que el trabajo de estos animales sea más cómodo y seguro. En la web perrosguia.once.es aparece un decálogo en el que se pueden leer consejos como estos: «No me llames cuando estoy trabajando, los silbidos me distraen»; «Si quieres saludarme pregunta primero a la persona»; «No dejes tu perro suelto cerca de mí. Intenta controlarle»; o «Para dar una indicación a mi dueño, no tires de la correa ni me agarres del arnés»

ACTIVIDADES AUPGA

Detalles de contacto

AUPGA (Perros Guía de Andalucía)
c/Resolana 30, Sevilla (41002)

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